Elecciones en Brasil: Lula da Silva busca materializar remontada en segunda vuelta
La primera vuelta presidencial brasileña del 4 de octubre de 2026, marcada por una ajustada ventaja de Flávio Bolsonaro sobre Lula, una abstención del 21,08% y un Congreso más derechista, postergó la definición electoral para el 25 de octubre.
Grandes voces de la música brasileña, actores, intelectuales e influenciadores digitales se encuentran unidas en un llamado a defender la soberanía y mantener las políticas sociales de Brasil. Foto: Pagina 12.
14 de octubre de 2026 Hora: 06:20
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El 4 de octubre de 2026 Brasil acudió a las urnas para la primera vuelta de las elecciones presidenciales. Ninguna de las dos candidaturas principales alcanzó la mayoría absoluta necesaria para decidir el resultado en esta etapa. El senador Flávio Bolsonaro obtuvo el 47,03 por ciento de los votos válidos, equivalentes a 56,1 millones de sufragios. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, candidato a la reelección, alcanzó el 45,16 por ciento, equivalentes a 53,8 millones de votos. Ambos pasaron a la segunda ronda prevista para el próximo 25 de octubre.
La diferencia registrada coloca al candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en una posición de desventaja respecto a la proyección inicial de algunos análisis previos. La composición resultante del Senado y de la Cámara de Diputados aparece como un factor determinante para la gobernabilidad del Poder Ejecutivo que surja de la segunda vuelta.
Crisis institucional y tasa de abstención
Los resultados consolidados reflejan una crisis institucional acompañada de un clima de despolitización entre amplios sectores de la población. La tasa de abstención alcanzó el 21,08 por ciento de los electores, lo que representa casi 33,5 millones de personas que no acudieron a las urnas. Esta cifra constituye la segunda más alta desde el retorno a la democracia, solo superada por el récord registrado en 1998.
El diagnóstico que se repite en los análisis posteriores a la primera vuelta apunta a una desconexión entre la realidad de determinados indicadores y la percepción pública. Esta desconexión se alimenta de procesos de desinformación y de una construcción prolongada de sentimientos anti-PT y anti-Lula. La narrativa centrada en la lucha contra la corrupción ha operado durante la última década y se ha vinculado al Partido de los Trabajadores y a Lula como responsables de un sistema de poder cuyas raíces se remontan a la historia de formación del país.
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La burguesía nacional, atrincherada en sus privilegios y en la defensa del statu quo, mantiene vigente el legado colonial y esclavista que marcó a América Latina y el Caribe. Para preservar su dominio, esta clase alienta el odio contra los sectores populares, los trabajadores, los pueblos originarios, las comunidades afrodescendientes y los grupos históricamente excluidos, mientras difunde el miedo como instrumento de sometimiento político y social. De este modo, reproduce las jerarquías impuestas por la colonización y la esclavitud, que continúan condicionando las desigualdades de la región.
El caso conocido como Banco Master vincula al candidato Flávio Bolsonaro con la financiación de la película Dark Horse, sobre su padre, mediante un contrato de aproximadamente 24 millones de dólares firmado con el banquero Daniel Vorcaro. De esa suma se han pagado al menos 12 millones.
En tanto, Vorcaro, propietario de Banco Master, fue arrestado en noviembre de 2025 y Flávio Bolsonaro se encuentra bajo investigación por el caso, aunque aún no se han presentado cargos formales. Ni este expediente, ni las declaraciones del candidato en contra de la reducción de la jornada laboral, ni su relación con el gobierno de Estados Unidos alteraron de manera significativa su desempeño electoral en la primera vuelta.
Indicadores económicos y percepción ciudadana
Los indicadores económicos generales mostraron mejoras durante el periodo reciente. La tasa de desempleo se situó en el 5,3 por ciento, la más baja del trimestre desde 2012. Se registró también una caída significativa en los precios de los alimentos en comparación con el gobierno anterior de Jair Bolsonaro. Sin embargo, la percepción pública se mantuvo negativa. Encuestas realizadas en vísperas de la primera vuelta indicaron que el 48 por ciento de los encuestados consideraba que la situación económica había empeorado en los últimos doce meses. La aprobación del gobierno de Lula rondaba el 46 por ciento, frente a un 49 por ciento de desaprobación.
La tasa Selic, tasa de interés básica del Banco Central, se mantiene en el 13,75 por ciento anual, una de las más altas del mundo. Esta política se traduce en créditos más caros para la adquisición de vehículos, compras a plazos o renegociación de deudas. Flávio Bolsonaro atribuyó al gobierno de Lula la responsabilidad del aumento del costo de vida y del endeudamiento de los hogares. En materia de seguridad pública, tema en el que el índice de aprobación gubernamental es negativo, el candidato adoptó una postura intransigente.
Acusaciones de injerencia de Estados Unidos
La confrontación electoral no se limitó a las fronteras nacionales. En vísperas de la primera vuelta, la Agencia Brasileña de Inteligencia (Abin) elevó el riesgo de injerencia extranjera a un nivel crítico. La Policía Federal abrió una investigación sobre posible injerencia extranjera tras una denuncia de la Fiscalía General de la República (AGU) que cita acciones del gobierno de Trump.
Los servicios consulares estadounidenses en Brasil fueron suspendidos en la recta final de la campaña. Analistas geopolíticos describieron esta medida como un intento de generar pánico e interferir en los resultados electorales. El embajador Rubens Barbosa afirmó que Estados Unidos tomó medidas que interfirieron indirectamente en el proceso electoral brasileño. Washington niega las acusaciones.
La administración Trump incluyó las elecciones de 2026 entre las condiciones presentadas a Brasil en la negociación del arancel del 50 por ciento sobre productos brasileños. Exigió elecciones libres y justas y la garantía de que los llamados disidentes políticos no serían encarcelados ni se les impediría presentarse a los comicios, en referencia a la condena del exmandatario Jair Bolsonaro por intento de golpe de Estado.
El lunes siguiente a la primera vuelta, el propio Trump calificó el resultado de Flávio Bolsonaro como “una gran victoria, muy ajustada, pero una gran, gran victoria” y predijo una contienda muy reñida en la segunda vuelta. El mismo gobierno indicó que solo presentará una nueva propuesta sobre el aumento arancelario después de la segunda vuelta, manteniendo su política comercial como instrumento de presión sobre el resultado final.
Composición del nuevo Congreso Nacional
El Congreso Nacional que asumirá funciones en febrero de 2027 confirma la dinámica observada en la elección presidencial. De los 81 escaños del Senado, 49 pertenecen a la derecha, 5 al centro y 27 a la izquierda. En la Cámara de Diputados, de 513 escaños, la derecha cuenta con 276, el centro con 113 y la izquierda con 124, lo que representa aproximadamente el 24 por ciento de la Cámara.
El Partido Laborista (PL) de Flávio Bolsonaro se convierte en el mayor bloque en ambas cámaras. Obtiene 121 diputados (24 más que en 2022) y 28 senadores, el mayor bloque de partido único en el Senado desde la Constitución de 1988.
Entre los gobernadores, el PL ganó en cinco estados en la primera vuelta. El PT se mantuvo en tres: reelección de Jerônimo en Bahía, Elmano de Freitas en Ceará y victoria de Rafael Fonteles en Piauí con el 70,86 por ciento de los votos, el porcentaje más alto entre todos los gobernadores electos en esta etapa.
Resultados de la izquierda y renovación parlamentaria
Entre los 124 diputados federales de izquierda, la federación PSOL/Rede mantuvo sus 15 escaños en la Cámara, el mismo nivel que en 2022. El PT pasó de 65 a 70 diputados federales. La izquierda eligió a 47 diputadas federales, la cifra más alta registrada en un Congreso tradicionalmente masculino, incluyendo 20 mujeres negras y dos mujeres indígenas.
Érika Hilton (Psol-SP) fue reelegida con 1,5 millones de votos y se convirtió en la mujer más votada en la historia de la Cámara de Diputados, superando el récord anterior de Joice Hasselmann. Sâmia Bomfim (Psol-SP) obtuvo 575.949 votos, la segunda mujer más votada del país. En Minas Gerais, Ana Elisa (PT), de 21 años, alcanzó 524.216 votos y se convirtió en la diputada federal más joven jamás elegida. En Pernambuco, Rosa Amorim (PT), primera mujer sin tierras electa a la Cámara, recibió 144.101 votos. En el mismo estado, Jones Manoel fue elegido con 249.077 votos. En São Paulo, Guilherme Cortez (Psol), de 28 años, también obtuvo escaño. En Paraná, Miss Preta (PT) se convirtió en la primera mujer negra en ocupar un escaño como diputada estatal en la historia del estado.
Este grupo de parlamentarios jóvenes llega en 2027 como minoría en un Congreso dominado por la derecha. Su tarea principal consiste en evitar retrocesos legislativos.
Camino hacia la segunda vuelta del 25 de octubre
Para revertir la ventaja del proyecto líder en la segunda vuelta se requiere una movilización de gran escala, según informó Brasil de Fato. Lula necesita reconectar con las demandas de la clase trabajadora y presentar una agenda de futuro. La clase trabajadora incluye tanto a los sectores de menores ingresos como a quienes, con mayores ingresos, viven de su fuerza de trabajo.
El casi 7,8 por ciento de los votos obtenidos por Augusto Cury, Renan Santos y Ronaldo Caiado representa un margen estrecho. Ninguno de los tres declaró apoyo a Lula. Los análisis indican que este electorado tiende a inclinarse más por Flávio Bolsonaro. La apuesta más realista se orienta hacia el 21,08 por ciento de abstencionistas. Se considera necesario comprender las razones de esas ausencias, prestar atención a jóvenes y ancianos, y capitalizar temas como el fin de las apuestas deportivas en línea, medida popular que aún no se ha traducido en crédito político suficiente.
Los movimientos populares han iniciado acciones de base. El Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) lanzó una Brigada de Movilización Popular con activistas que debaten puerta a puerta, en iglesias, fábricas, tiendas y paradas de autobús. El Frente Popular Brasil y el Frente Pueblo Sin Miedo reúnen a líderes de partidos y sindicatos en plenarios estatales para organizar la movilización callejera.
Apoyo de artistas e influencers
Grandes voces de la música brasileña, actores, intelectuales e influenciadores digitales se unieron en un llamado a defender la soberanía y mantener las políticas sociales mediante un video de apoyo a la reelección de Lula da Silva. Participan Caetano Veloso, Chico Buarque, Gilberto Gil, Geraldo Azevedo, Alcione, Mart’nália, Xande de Pilares, Diogo Nogueira, Sandra Sá, Daniela Mercury, Fernanda Abreu, Maria Gadú, Xamã y Ebony.
Anitta, con 63 millones de seguidores en Instagram, más de 20 millones en TikTok y unos 17 millones en Twitter, difundió un video de más de cinco minutos en el que admitió haber subestimado la fuerza del movimiento conservador en la primera vuelta. Escribió: “La postura extremadamente agresiva y antidemocrática de esa gente no me deja otra opción. No soy petista y nunca fui. Pero este año estoy con Lula”. Puso a disposición sus redes sociales para hacer campaña. Lula compartió el mensaje con la frase “Vamos juntos envolver o Brasil!”.
El apoyo hacia el presidente sudamericano llegó hasta séptimo arte donde actrices consagradas como Sonia Braga manifestó su respaldo. Asimismo, el actor Mark Ruffalo grabó un video proyectado en un acto de campaña en el que respaldaba los objetivos de protección del medio ambiente y de los pueblos indígenas. Roger Waters afirmó que Lula es “verdadero y confiable”. Leonardo DiCaprio y Danny Glover también llamaron a votar por el mandatario.
Clubs de fans de artistas internacionales —Taylor Swift, Beyoncé, Lady Gaga, Billie Eilish, Ariana Grande, Katy Perry, BTS y BLACKPINK— pusieron sus cuentas a disposición de la campaña para divulgar contenidos electorales, incentivar la participación de jóvenes y movilizar a quienes se abstuvieron en la primera vuelta.
Más allá de las urnas
La visión del mundo que se consolida en estas elecciones rechaza las políticas públicas redistributivas y percibe como amenaza cualquier cambio significativo en la vida del sector más pobre de la población comentó Brasil de Fato.
La nación sudamericana ya vivió cuatro años del gobierno de Jair Bolsonaro entre 2019 y 2022. Ese periodo incluyó desmantelamiento de políticas públicas y estructuras estatales, ataques a empresas estatales, una pandemia gestionada con negacionismo vinculada por el Índice de Percepción de la COVID-19 del Senado a más de 700.000 muertes, y una alineación automática con Washington que costó al país el papel de liderazgo que ahora intenta recuperar en el Sur Global.
Universidades con financiación insuficiente, cultura reprimida, la Amazonía y la naturaleza bajo ataque, y un aumento de la violencia de género figuran entre los reveses sufridos. El camino que se plantea consiste en alzar la voz, llamar a las cosas por su nombre y enfrentarlas. Lo que está en juego afecta a Brasil y al continente. La referencia a Paulo Freire se utiliza para subrayar la necesidad de esperar con esperanza y luchar por aquello en lo que se cree.
Los próximos cuatro años serán cruciales para forjar un nombre capaz de heredar el capital político de Lula, cuyas últimas elecciones presidenciales son estas. La segunda vuelta del 25 de octubre definirá no solo el periodo inmediato sino un horizonte más amplio. La movilización de base, el trabajo de los movimientos populares y el apoyo cultural constituyen los principales frentes abiertos para intentar revertir el resultado en el tiempo restante.
Autor: teleSUR - asm - JGN
Fuente: Brasil de Fato - Agencias




